viernes, 9 de diciembre de 2011

EL CHALTÉN


         El Chaltén es un pueblo inventado hace 10 ó 20 años para que el mundo entero viniese aquí a hacer trekking. Es un pueblo pequeño y creciente, sin cuadricular del todo, donde todas las casas son  chicas, casi cabañas, salpicadas y de colores. Todo son hoteles, hósteles y barerío.  Llevo un buen rato en el hall del hotel, que repito, es muy bueno, tiene las paredes casi enteras de cristal y cada vez que levanto la vista y miro, veo un desfile de botas y mochilas, sin edad, o mejor dicho, de todas las edades, por la calle. Son la seis y cuarto de la tarde, llueve intermitentemente, y siguen pasando las mochilas. Estoy seguro que pasan varias veces cada una.



Siempre quiero hablar de los amigos que viajamos, pero siempre vienen otras cosas. Hablemos un poco, sin orden ni concierto. Usaré nombres supuestos y así podré decir lo que quiera y sin permiso.
Ángel es de mi edad, está prejubilado, no es de la enseñanza, es muy buena gente, es conversador y como defecto, tiene que, fuma. Ha dejado mujer en Almería, que espera su vuelta, y tres hijos crecidos que viven por España. Nos conocimos una noche de copas en  un verano de Asturias, desde entonces somos amigos, más que nada, de bares y conversaciones largas. Ahora está a mi lado, con su ordenador, tratando de escribir sus cosas. Normalmente cada uno tiene su habitación, pero en El Chaltén hay pocas y estos días compartimos, y por ahora bien. Ángel se ocupa entre otras cosas en que todas nuestras pertenencias sigan perteneciéndonos, eso si, a cambio de no perder ojo ni advertencia.
MªJesús y yo, nos conocimos hace muchos años en Alcalá la Real y luego volvimos a coincidir, llevamos mucho tiempo saliendo al campo con la misma gente y con el mismo gozo, le gusta la naturaleza, el aire y la comida sana. Deja en España marido, hijos y nietos, que la esperan. Es buena compañera de viajes, disfruta, comparte y no exige nada. Disfruta con lo natural, natural de naturaleza pura.
Juan, enseñaba Matemáticas, juega al Dominó, y también somos compañeros de viajes y excursiones desde hace tiempo y nos entendemos bien, aunque discutimos siempre que podemos, quizá en este viaje esté algo menos discutidor, o seré yo. Le gusta llevarme la contra, versusmanía. Nos jubilamos juntos. Tiene mujer e hijos. Disfruta del campo y de las copas por la noche, casi nunca me falla, pero madruga mucha para doblar el día y a la noche se resiente.
Y Paco. Paco escribe sonetos y se sabe los nombres de las plantas, los bichos, los sitios, y casi todos los libros. Llevamos muchos años saliendo juntos al campo y a los viajes,  Dice que es misántropo, pero no es verdad, aunque tiene sus cosas. Hace de administrador, y lo hace perfecto, paga, apunta, pide o no dinero y luego nos entregará las cuentas, seguro que en verso. Mientras, los demás, ni nos enteramos de los que valen las cosas.  Como a mí, no lo espera nadie.

A la fuerza cuando se viaja, se comparte mucho, pero nosotros también procuramos diversificarnos algo. Ahora mismo Mª Jesús está en su habitación desde hace mucho, supongo que con sus cosas, Juan y Paco que aparecieron hace un rato se han ido a buscar formas de hacer trekking sobre hielo para mañana. Ángel cuando acabó su siesta se vino con un ordenata y aquí, casi juntos, escribimos juntos en el hall. Luego nos veremos todos, o no. Puede que nos vayamos todos de copas o de cena, o puede que unos más  que  otros, y cada uno se acostará a su hora. Esta mañana Paco se fue temprano y por su cuenta a Lago Torre, dos horas más tarde lo hicimos Mª Jesús, Juan y yo, y no nos lo encontramos, Ángel se quedó por el Chaltén. Mañana es probable que hagamos algo juntos. De cualquier manera, aunque lo anterior desdiga, echamos mucho tiempo los unos con los otros, y hablamos de lo divino y lo que no. Y parece que nos llevamos bien, y cada día mejor. Lo que no deja de ser una buena suerte.

El desfile de botas y mochilas, parece haber disminuido considerablemente, también la lluvia, pero no el viento. Desde que llegamos a la Patagonia nos azota el viento, casi de forma permanente, sólo descansa a sotavento. Siempre es viento del oeste, y siempre es frío. Nadie se queja, parece prohibido, pero es cansino.

[29 y martes. 4 de la tarde, recién venido de la base del Fitz Roy y campamento Pointcenot, vestido ya de bonito, me bebo un Gin tonic en el Ritual del Fuego, buena música, todo preparado para que venga la gente a cenar, y yo trato de escribir de El Chaltén, del viaje y ojalá me quede tiempo para editar fotos]

Yendo (!) hacia atrás, para que no sea esto exactamente un diario. Acabamos de hacer MªJesús, Juan y yo, otra excursión fantástica. El día amaneció mejor que ninguno hasta a hora, y a las ocho desayunábamos precipitadamente como si nos fuesen a quitar el día, o el Sol. Fitz Roy fue el capitán del Beagle, el barco que le dio un viaje a Darwin, de cinco años, alrededor del Mundo, viaje en el que empezó, tomó la forma , o lo que fuera, la idea de la Evolución, o del origen,  de las Especies, poderosa idea entre las ideas grandes. Pero esa es otra historia. El caso es que aquí por los Andes de El Chaltén, un pico principal, enorme, anormal, que sale de la Tierra como un misil tomahawk, y que en los días claros resplandece como ningún otro de los picos contra el cielo de los Andes, entre otros picos que lo imitan y mucha nieve, le pusieron el nombre de Fitz Roy. Total, hemos recorrido unos veinte kilómetros de sierra, entre lengas, guindos y coihues en un bosque continuo, con bastante gente, por un sendero perfecto, con lagos y lagunas, y con muchas ganas. Una excursión perfecta, todo era nuevo y grande, desde cuando empieza en el río de Las Vueltas que viene del Lago del Desierto,  hasta que acaba en el mismo sitio, pero lleno de hitos por en medio.

Ayer fuimos a hacer trekking sobre hielo, por el glaciar Viedma. ¡Acojonante! Una empresa de excursiones te lleva en bus hasta bahía Túnel, desde allí en barco se atraviesa el lago Viedma, pasando bajo el frente del glaciar y se desembarca en un extremo, sin mas puerto que unas rocas, contra las que se apoya el barco. Se asciende sobre unas rocas de riolita, preciosas, que el glaciar ha dejado bruñidas y estriadas en su retroceso, hasta llegar a un borde del glaciar. Allí los guías te calzan los crampones, aquí le dicen grampones. Todo el grupo se ve algo nervioso, el glaciar, aparte de enorme, se ve lo mas irregular que uno se imagine, todo son grietas, roturas, hoyos, está enormemente roto, además es empinado e inclinado, parece un revoltijo de enormes trozos de hielo,  y todo el mundo sabe que el hielo resbala.

Pues nada, andar por un glaciar, bien equipado y guiado, es lo más seguro y gustoso, una delicia, todo el mundo flipa, mejor que andar por tierra. Los guías son supermajos, las formas del glaciar son increíbles, en algunas partes la superficie está sucia de arena negra, pero en otras es blanco inmaculado como la nieve, y en las más bonitas de las grietas y hoyos es azul, azul hielo. Tras casi dos horas, que transcurren en un suspiro, mientras nos distraían con algo, otros guías han preparado 24 vasos con pilé (hielo picado) y allí sobre cientos de kilómetros cuadrados de una masa de hielo con muchos muchos siglos, nos invitaron a un buen trago de bailéys, Lo que le faltaba a la euforia. Tampoco pude evita el recuerdo de Ayla por ‘Las llanuras del Tránsito’
De vuelta en el hotel, y con la adrenalina a tope, seguimos andando. A ver una cascada que se llama el Chorrillo del Salto, un par de horas de caminata fácil, junto al río de las Vueltas, 50 m de agua cayendo verticales o tropezando en trancos, fue el penúltimo espectáculo del día.

Camino del hotel nos dimos un homenaje, en un asador; unos, cordero argentino, asado allí como en un espeto, y otros, bifé de chorizo, que es un trozo de carne de vaca, muy grande, muy gordo y muy bien asado, que fue para dos. Y todo eso con un buen vino Malbec y alguna copa.

Siguiendo al hotel, el cielo estaba raso, fenómeno extraño hasta la fecha, y hubo que aprovecharlo para buscar estrellas y constelaciones. Tenemos un teléfono que lo orientas al trozo de cielo que tú quieres, y el teléfono te pinta y te nombra el trozo de cielo que estás viendo. Y para eso hay que saber mucho, el teléfono;, pienso yo: tiene que saberse el mapa del cielo, que al fin y al cabo es cuestión de tener en la memoria un planisferio, tiene que saber en que sitio de la Tierra estás, a la fuerza el teléfono debe tener un Gps dentro y se lo pregunta, lo que yo veo más difícil es que el teléfono sepa en que dirección estás mirando. Yo pienso que debe ser con una esfera metálica ,rodante y chica dentro de una esfera hueca y llena de contactos, pero no lo sé. El cielo da mucho de si. Como el día había sido muy largo tuvimos que acostarnos, por la ventana de mi cuarto, que es muy grande, entraba la luz de la Cruz del Sur y la de alfa-Centauri.


Vaya rollo que acabo de largar con lo del teléfono. No era obligatorio leerlo. Pero si es obligatorio sorprenderse, cada día, de la cantidad de tecnología que podemos tener en una mano. No puede ser que el hecho de que un avión atraviese el atlántico con 500 personas y su equipaje dentro; que yo pueda hablar, sin más, con mis hijos desde cualquier parte de la Tierra; o que un teléfono que te regalan en cualquier compañía de tres al cuarto, haga todo lo anterior, nos deje indiferentes, como si no fuese nada, como si fuese cualquier cosilla. Yo todavía me sorprendo de vez en cuando de que un bolígrafo escriba, y más si es boca arriba.

Hace dos días, aquí se pierde la noción del tiempo, estábamos tan locos por andar que nos levantamos temprano, Paco ya se había ido aún más temprano, y sin darnos cuenta de que llovía nos fuimos andando y mojándonos a Lago de Cerro Torre, luego mejoró el día, nos secamos y vimos picos nevados, de los que apenas sabíamos los nombres, ni los que teníamos que veer, pero si vimos Cerro Sólo, que es como la mesa de Los Toros, la del cortijo de los Centenares en la Sierra de Segura, pero más alta, más grande e inclinada, y colmada por diez metros de nieve. Espectacular. Llegamos hasta el Lago Torre, donde se va cayendo el  glaciar, la morrena que cierra el lago, y la morrena que lo cerró antes de retroceder. Vimos muchas cosas, y cuando mejoró el tiempo también vimos una procesión de gente que subía cuando volvíamos. Vimos una cascada que bajaba de la montañas a ratos en cascada y a ratos como río, y como no sabíamos el nombre, recordando a los tripulantes del Beagle, le pusimos ‘Cascada Lopez_Griffo’ en honor a MªJesús, primero, las señoras.

Y aquí acabo, aunque nunca acabaría, con El Chaltén, sin duda y hasta ahora, lo mejor de La Patagonia. Lo que cuento arriba es sólo un poco. Es increíble la de cosas que pueden pasar,  y pensarse, en un día. Mañana, a la siete y media de la mañana, un ómnibus pasará por nuestro hotel y nos llevará a El Calafate. A todos nos dará lástima irnos de El Chaltén. La tarde sigue preciosa, con nubes blancas y claros de azul intenso, intensamente luminosa, y surcada de botas y mochilas, que no paran. Y que no paren.

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